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lunes, 29 de septiembre de 2014

El Pollito Pimpollito (cuentos para portarse bien en el colegio. Jesús Jarque. Ed. CCS)

El siguiente cuento lo comparte la mamá de Daniel Casado, para que realicemos algunas actividades con los peques. Por ejemplo, después de contarle el cuento, podemos colorear el dibujo del pollito Pimpollito, o preguntar a los peques si saben qué es un pollito, una gallina, un gallo... 
¡Gracias mamí!

"Había una vez un pollito que tenía tres años y que se llamaba Pimpollito. Como te­nía tres años, tenía que a ir al colegio. Unos días antes de empezar, su mamá galli­na le contó que iba a ir a la escuela, que conocería otros pollitos, que aprendería mu­chas cosas... Pero llegó el primer día de colegio. Su mamá lo llevó de la mano y el pollito Pimpollito no iba muy contento. Cuando llegó al colegio empezó a ponerse triste. Su mamá lo dejó en la clase y le dio un beso. Entonces el pollito Pimpollito empezó a llorar y se agarró a su mamá. Pero la señorita gallina le dijo a la mamá que tenía que irse. Pimpollito empezó a llorar porque pensó que su mamá ya no volve­ría más, porque no conocía a los otros pollitos y porque tampoco conocía a la se­ñorita gallina y no sabía que era buena. Ese día estuvo toda la mañana llorando y has­ta vomitó una vez. No quería jugar, ni cantar, ni nada. Además había otros pollitos que también lloraban. Al final, cuando llegó la hora, su mamá fue a recogerlo.
 El pollito Pimpollito no quería volver al colegio nunca más. Quería quedarse en su casa con su mamá, despertarse tarde, pasar toda la mañana jugando en su casa, pero tuvo que volver al «cole» al día siguiente. Lloró mucho, le pidió a su madre que no lo llevara, le dijo que le dolía la tripa, pero la madre de Pimpollito no le hizo ca­so y lo llevó. Su mamá se ponía triste de verlo así, pero sabía que tenía tres años y tenía que llevarlo al «cole» como todos los demás pollitos de la granja.
  Pasaron muchos días y Pimpollito seguía llorando en el «cole». Ya casi ningún po­llito lloraba. La señorita estaba nerviosa porque cuando quería explicar un juego, Pim­pollito lloraba, cuando quería cantar una canción, Pimpollito lloraba, y cuando que­ría contar un cuento... ¿Qué hacía Pimpollito? ... lloraba.
  Los otros pollitos estaban un poco hartos. Su mamá y su papá también estaban preocupados y Pimpollito también lo estaba pasando mal, porque con tanto llorar ni podía jugar, ni aprender las canciones y se le estaban poniendo los ojos rojos, rojos.
  Hasta que un día, el pollito Pimpollito pensó cuando estaba en la escuela:
  - No sé por qué lloro tanto si mi mamá viene siempre a por mí, si la «seño» es muy buena y nos enseña muchas cosas, si es muy divertido jugar con mis compañe­ros...
  Así, que esa fue la primera mañana que ya no lloró más. Cuando la mañana terminó la señorita se lo dijo a su mamá:
  - Pimpollito no ha llorado nada esta mañana.
  La mamá se puso muy contenta, porque ella también estaba triste, aunque no se lo había dicho a nadie.


  Desde ese día el pollito Pimpollito no lloraba en el «cole», hacía en cada momento lo que mandaba la señorita. Unas veces las tareas le salían bien y otras regular. Al­gunos días se lo pasaba muy bien, otros se aburría un poco, pero casi siempre apren­día cosas nuevas. Todos estaban contentos: su «seño», su mamá, su papá, sus abue­los y él también.
  Empezó a gustarle tanto el colegio que a veces, en su casa jugaba a que él era el maestro y sus muñecos, los pollitos de la escuela.
  Y colorín colorado, el cuento del pollito Pimpollito se ha acabado".

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